Tendría unos seis o siete años cuando iba a la Playa Chica de El Puerto de Santa María a bucear con mis aletas azules y un arpón de gomas amarillas que era casi imposible de cargar. Me pasaba horas buceando, hasta que anochecía, en los corrales llenos de agua que había dejado la marea baja. Escudriñaba todas las rocas buscando bichos. Centollos, babosas, anémonas, camarones, cangrejos, pulpos, etc. Y recuerdo al menos que en tres ocasiones tuve la increíble suerte de pillar un pulpo con el arpón asesino. A la vista de mis conocimientos actuales de los pulpos resulta prácticamente increíble que eso llegara a ocurrir con las habilidades innatas del pulpo, unido a un niñato con un arpón bastante peligroso, por cierto.
Posteriormente mi afición hacia los animales derivó únicamente a los que eran microscópicos. El microscopio y todos aquellos bichos no visibles dejaron a los grandes animales como el pulpo en una dimensión alejada de interés. Mi predilección hacia estudiar la carrera de Biología era total, pero en COU se cruzó la física que cambió todos mis planes. De esta forma los bichos dejaron de existir en mi vida, salvo las plantas silvestres que aparecieron ya en la adolescencia.
En la última década mis contactos con los pulpos se produjeron cuando viví provisionalmente en Marruecos. Al tener una casa en la orilla de la playa controlaba a los marroquíes que practicaban la caza del pulpo. Esperaba que terminaran la faena y salieran del agua para acercarme y me regalaran los pulpos ya que por esos lares no hay mucha afición a su ingesta.
Y ya fue en este último lustro en la barriada de los pescadores de Islantilla (Huelva) donde mi visita con fines fotográficos hizo que llevara a casa numerosos pulpos recién capturados de los pescadores del barrio. Las particularidades del pulpo hicieron que empezara a interesarme en sus costumbres. Por ello la lectura fue la única manera de entenderlos. Al principio fueron libros de divulgación, pero me fui adentrando en libros de más calado por sus limitaciones, hasta que tuve que pasar a los de literatura inglesa y artículos científicos más sesudos.
Corría 1978, con mi miniyo de 10 años, cuando la BBC estrenó en nuestra tele la famosa serie “Yo Claudio (I Claudius)” de la novela de Robert Graves de 1934. A pesar de tener dos rombos, la noche que la emitían nos reuníamos toda la familia para verla como también hacían el resto de españoles dado el éxito que tuvo a nivel mundial. Era plena transición con el destape y con la revista de cine “Fotogramas” que dedicaba un dossier de titis en bolas, portada a todo color de la misma guisa. Tampoco nada fuera de lo normal.
En YC, Claudio contaba su ficticia autobiografía escondida y recuperada 1.900 años después para su regocijo. Una tumultuosa vida con personajes como la fría y maquiavélica Livia experta en envenenamientos, un zumbado y megalómano Calígula con una crueldad desmedida; y un Claudio historiador, sagaz y resiliente que asumió el poder supremo de la época.
Lo que transcendió a mi subconsciente fue un emperador Claudio todopoderoso a pesar de sus limitaciones como la tartamudez, los tics y cojera. Su familia lo mantuvo apartado de la vida pública por incompetente, pero Claudio supo encontrar el momento de resurgir como el ave fénix y gobernar superando todo tipo de obstáculos, amenazas, intentos de asesinatos, conspiraciones, etc. E innovar como ningún emperador hizo antes.
Tuve que revisitar la serie de 13 capítulos para despertar esas neuronas adormecidas después de tantos lustros. Su presentación televisiva con la serpiente sobre el mosaico de Claudio, sus escenas violentas y de sexo romano, la continua falsedad de sus protagonistas, etc. Y a todo eso sobrevivió Claudio, claro está, hasta que lo envenenó Livia.
Pero el emperador Claudio fue el amo del mundo, a pesar de todas sus limitaciones. Supo dar la vuelta a la tortilla para convertirlas en ventajas. Sus habilidades extremas como agudeza intelectual, pragmatismo, meticulosidad, resiliencia, desconfianza e imagen deliberada de debilidad; hicieron que fuera la máxima autoridad de su época.

En estos años, conforme leía más sobre los pulpos, mi imagen de éstos se fue transformando sigilosamente en algo muy distante de lo que pensaba que era un pulpo. De pensar en unos animales solitarios, agresivos, tontos y sucios, como lo pintaba la mitología de la época; pasaron a representarme como seres superiores con una inteligencia y habilidades insospechadas. Pulpos que controlaban su ambiente y escudriñaban a los demás seres vivientes de los océanos haciéndose pasar por ellos. ¿En serio?
Fue entonces cuando empecé a ver similitudes más que aceptables entre nuestro Claudio y un pulpo. Al principio me pareció una idea absurda y peregrina como cualquier otra, pero conforme le daba vueltas al asunto más analogías y similitudes nacían en mi cabeza entre ambos.
El YO CLAUDIO se transformó en un YO PULPO.
YO CLAUDIO, YO PULPO

Como los tentáculos del pulpo, 8 grandes analogías hay entre Claudio y el Pulpo. Las suficientes para hablar con rigor de un YO PULPO señor de los océanos. Hay muchas más, pero se irán desgranando en las fichas de la web.
1. EL CAMUFLAJE COMO ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA.
El pulpo es el rey del mimetismo; cambia de color y textura para mezclarse con el entorno y no ser devorado por los depredadores que están deseosos de zampárselo.
Claudio hizo exactamente lo mismo, pero a nivel psicológico. En una corte romana donde los depredadores, como Livia o Calígula, eliminaban a cualquier rival inteligente, Claudio se «camufló» de idiota, tartamudo y torpe. Su disfraz de debilidad e inferioridad fue su mejor mecanismo de defensa. Nadie lo veía como una amenaza y por eso sobrevivió y llegó a ser el amo del mundo.
2. UNA INTELIGENCIA OCULTA Y SUBESTIMADA.
Durante siglos, el pulpo fue visto simplemente como una criatura marina extraña o un «monstruo» de 8 tentáculos. Hoy sabemos que son animales increíblemente brillantes, capaces de resolver acertijos, abrir frascos, planificar e imitar su entorno sin fallas.
A Claudio le pasó igual. Su familia lo trataba como a un ser inferior, pero detrás de sus tics se escondía una de las mentes más agudas de Roma: un historiador brillante, políglota y un estratega político que terminó gobernando el Imperio con una eficiencia que nadie esperó y que hoy en día se recuerda merecidamente.
3. TENTÁCULOS PARA UNA BUROCRACIA IMPERIAL.
Una vez que Claudio llegó al poder, centralizó el gobierno de Roma. Como el cuerpo de un pulpo que controla sus ocho brazos, Claudio creó una red de secretarios y libertos de su total confianza que extendían sus «tentáculos» por todas las provincias del Imperio, controlando las finanzas, la justicia y la administración pública de forma directa.
4, FALTA DE COLUMNA VERTEBRAL.
El pulpo es un invertebrado, blando y maleable, capaz de escurrirse por cualquier grieta y capaz de superar aberturas del tamaño de su ojo. Históricamente, Claudio siempre fue visto como un hombre maleable, sin la «columna vertebral» militar o el carácter firme que se esperaba de un césar romano. Esto lo hacía parecer manipulable ante los ojos de la Guardia Pretoriana y de sus propias esposas (Mesalina y Agripina), quienes a menudo se aprovecharon de esa aparente falta de rigidez.
5. DESCENTRALIZACIÓN DEL PODER/UN CEREBRO REPARTIDO
Un pulpo no tiene toda su inteligencia y neuronas concentradas únicamente en la cabeza. Dos tercios de sus neuronas se distribuyen en sus 8 tentáculos, permitiéndoles «pensar» y reaccionar de forma independiente. Cada tentáculo es un cerebro que toma decisiones propias según las circunstancias de ese tentáculo, y no de otro.
Antes de Claudio, los emperadores centralizaban obsesivamente el control directo de Roma. Claudio revolucionó el Imperio al crear una verdadera burocracia profesional dividida en secretarías dirigidas por libertos como Narciso o Pallas. Claudio extendió los «brazos administrativos» del Imperio para que las provincias funcionaran sin que la cabeza tuviera que intervenir en cada pequeño detalle, sino que actuaran de forma independiente del cerebro “central”.
6. EL ABRAZO MORTAL.
El pulpo no ataca de forma frontal y ruidosa como un tiburón. Suele envolver a su presa de forma pausada y envolvente con sus brazos hasta que esta queda atrapada sin poder escapar. Posteriormente se lo zampa.
Históricamente, los rivales políticos y los senadores que intentaban conspirar contra Claudio solían subestimarlo. Claudio los rodeaba sutilmente mediante decretos legales, alianzas y reformas judiciales hasta que los conspiradores descubrían que estaban completamente acorralados por la ley imperial antes de poder reaccionar. Luego llegaba la ansiada merienda de Claudio.
7. CANIBALISMO DE PALACIO
A pesar de su enorme astucia y camuflaje, la piel y el cuerpo blando del pulpo son vulnerables a parásitos y depredadores sigilosos cuando se confía demasiado. Su fragilidad y apetitoso sabor son preciados por todos los bichos que están a su alrededor. No solo eso, el canibalismo entre pulpos es un hecho frecuente. Las hembras de muchas especies de pulpo son famosas por devorar al macho tras el apareamiento, o incluso entre rivales territoriales el pulpo más grande simplemente se come al débil o más pequeño. En el reino marino, reunir a dos pulpos en la misma cueva suele terminar con uno de ellos convertido en cena.
Aunque Claudio gobernó el Imperio con una mente brillante, su gran punto ciego fueron las intrigas de su círculo íntimo, especialmente sus esposas Mesalina y Agripina. Agripina, actuando en la sombra, terminó devorando a Claudio envenenándolo con setas para colocar a Nerón en el trono. Claudio dominó el escenario exterior, pero sucumbió a la amenaza que operaba bajo su propio manto, en su propia familia que eran unos caníbales disfrazados de seres amorosos con ropa lavada con suavizante mimosín. Creyó que rodeándose de su propia “especie/familia» estaría a salvo, pero fueron precisamente los miembros de su dinastía los que se comieron entre sí: Tiberio eliminó a sus sobrinos, Calígula mató a sus familiares, y Agripina devoró a Claudio. Pensó que compartían el poder, cuando en realidad solo estaban esperando el momento en que el emperador bajara la guardia para convertirlo en el plato principal. Vamos, una alegría.
8. CORTINAS DE HUMO/TINTA (DISTRACCIÓN) PARA SOBREVIVIR.
Cuando un pulpo libera tinta, no solo crea una nube oscura para cegar al depredador; a menudo forma una masa densa llamada pseudomorfo que mantiene una forma similar a la del pulpo para engañar al oponente mientras el pulpo escapa. Por si fuera poco, la tinta del cefalópodo contiene tirosinasa, un compuesto químico que no solo reduce la visibilidad, sino que desactiva temporalmente el sentido del olfato y del gusto de los depredadores dejándolos desorientados.
Claudio creó su propia «cortina de humo» proyectando una imagen falsa de sí mismo. La corte romana veía la figura torpe, el tartamudeo y los tics (el pseudomorfo inofensivo), mientras que el verdadero Claudio —el hombre agudo, estratega e inteligente— permanecía oculto detrás de esa percepción. Dejó que los depredadores atacaran a la sombra proyectada mientras él sobrevivía en las sombras y se escabullía para gobernar a sus anchas.
Con estas ideas en la cabeza, el siguiente paso de realizar una web sobre el YO PULPO saltó cuando cansado de ver siempre las mismas historias y anécdotas en los libros que hablaban sobre pulpos; decidí hacer algo al respecto para ampliar esa visión tan restrictiva y repetitiva.
Hay mucho más sobre el glorioso pulpo que lo que cacarean una y otra vez. Estudios científicos han averiguado infinidad de cosas que no trasciende más allá de esos medios. Es lo que siempre ocurre, pero nuestro pulpo se merece un altar después de tantos siglos menospreciado e ignorado. Ha llegado la hora de traspasar esa frontera invisible de conocimiento regurgitado y dejar al descubierto esos detalles hasta ahora ocultos tras la baba del pulpo
A todo lo anterior he querido sumar mis conocimientos de física para realizar también una aproximación “física” del pulpo. Este animal realiza proezas físicas que apenas se tienen en consideración y menos se relatan en los mencionados libros. Es por ello que existe una sección denominada “Física del Pulpo” donde se desarrollarán estas particularidades con la profundidad necesaria y sin miedo a las ecuaciones de vértigo.
Entre mis aficiones no prosperó el submarinismo en la época adulta. Por ello no cuento con material propio fotográfico de pulpos. La IA vendrá a mi auxilio en esos menesteres, así como en otros como hipotéticas situaciones de los pulpos y cosas de superior extravagancia.
Aún nos queda mucho por saber de los pulpos. La pulpomanía no hecho más que empezar.



















